Expertos advierten que eventos extremos en el ciclo solar activo podrían afectar satélites, internet y sistemas cuánticos, poniendo en riesgo la infraestructura digital global. El ciclo solar 25, en curso desde hace varios años y considerado uno de los períodos de mayor actividad en la historia reciente, puede desencadenar erupciones solares de intensidad extrema. Las llamaradas, provocadas por reorganizaciones en los campos magnéticos del Sol, han aumentado en frecuencia y potencial destructivo, lo que incrementa la probabilidad de eventos que puedan impactar gravemente la tecnología moderna. Una erupción de magnitud comparable a la Tormenta de Carrington, ocurrida en 1859, podría generar consecuencias catastróficas para la infraestructura tecnológica mundial. La historia registra que, en esa ocasión, las redes telegráficas sufrieron fallas masivas y las auroras boreales se observaron en latitudes tropicales, fenómenos que podrían repetirse y expandirse en la actualidad debido a la mayor complejidad de nuestros sistemas electrónicos. La vulnerabilidad no se limita a los satélites y las comunicaciones. La rápida dependencia de instrumentos digitales e institucionales hace que un evento solar extremo pueda dejar a la humanidad completamente aislada durante meses, afectando desde servicios básicos hasta las cadenas de suministro más complejas. La comunidad científica enfatiza la necesidad de desarrollar tecnologías resistentes y preparar a las nuevas generaciones en la gestión de crisis magnéticas solares, especialmente porque estos eventos pueden ocurrir en cualquier momento durante la fase actual del ciclo. Este escenario también tiene un valor histórico y simbólico, pues al cumplirse 150 años de la muerte del astrónomo Richard Carrington, se recuerda su contribución para comprender las explosiones solares. La investigación actual busca identificar patrones que permitan anticipar estas explosiones y minimizar su impacto. La importancia de estos riesgos radica en que
