Saltillo, Coahuila. - La muerte de un perro llamado "Rocky" a causa de lesiones provocadas por su dueña ha puesto en relieve problemas de manejo emocional en personas que ejercen maltrato animal. La acusada enfrenta un proceso judicial tras ser vinculada a la investigación, en la que la defensa ha argumentado problemas de salud mental que la eximirían de responsabilidad penal.
Datos clave
- Cuándo: Muerte de "Rocky" ocurrió el pasado miércoles.
- Dónde: Saltillo, Coahuila.
- Quién: Liliana “N” es la dueña acusada.
- Qué: La psicóloga Berenice de la Peña examina el caso y ofrece un contexto sobre la violencia hacia los animales.
- Problema: La crueldad hacia los animales refleja otros problemas emocionales en los agresores.
Berenice de la Peña, psicóloga experta en comportamiento humano, explica que la crueldad animal no es un indicador directo de trastornos mentales. Este tipo de violencia puede estar relacionada con factores psicológicos, familiares y sociales, así como con la habilidad para manejar emociones. La profesional destaca que el abuso a los animales frecuentemente se deriva de un entorno familiar donde se han aprendido patrones de conducta violentos.
La especialista sugiere que la violencia rara vez se manifiesta por sí sola. En ocasiones, el uso de sustancias como el alcohol puede intensificar los comportamientos agresivos. También, detecta que los patrones de agresión pueden ser un reflejo de otros problemas en la vida personal del individuo, afectando incluso sus relaciones interpersonales.
¿Qué relación hay entre la crueldad animal y los problemas emocionales?
Las conductas violentas hacia los animales son, en muchos casos, un eco de experiencias vividas por la persona, ya sea en su infancia o en su círculo social. De la Peña menciona que en la infancia y adolescencia, las agresiones pueden ser el resultado de modelos observados en casa, mientras que los adultos suelen tener mayores herramientas para reflexionar sobre sus actos, aunque también pueden ser más propensos a comportamientos dañinos si no se les aborda el problema adecuadamente.
Además, la normalización del maltrato a los animales en ciertas prácticas cotidianas, como dejarlos sin agua o abandonados, indica una falta de sensibilidad hacia el bienestar de estos seres. De la Peña insiste en la importancia de identificar estos comportamientos, que a menudo son indicadores de problemas más profundos que podrían escalar a situaciones más graves.
¿Qué acciones se pueden tomar para abordar este problema?
La especialista enfatiza la necesidad de prestar atención a cambios de comportamiento intensos y persistentes en las personas que muestran violencia hacia los animales. Promover la educación emocional y la empatía puede ser un primer paso para prevenir que esos patrones de conducta continúen. Se sugiere que se busquen intervenciones para ayudar a aquellos que muestran este tipo de agresiones para evitar que la violencia escale en otros ámbitos de su vida.
Con esto, se planea trabajar en programas de concienciación y educación que aborden tanto el maltrato animal como su implicación en la salud mental de los agresores.
Con información de vanguardia.com.mx

