Ciudad de México, CDMX. - El 14 de noviembre de 1921, un atentado con bomba en la antigua Basílica de Guadalupe dejó devastación en el altar, pero sorprendió al conservar intacta la imagen de la Virgen de Guadalupe. Alrededor de las 10:30 de la mañana, un hombre por medio de un ramo de flores ingresó al templo para detonar la explosión, que arrasó con la estructura pero no afectó la venerada imagen.
La detonación, que arruinó monumentos internos, se interpretó como un evento milagroso por parte de la comunidad católica. El crucifijo de bronce que sobrevivió a la explosión, doblado por la fuerza, fue llamado "Cristo del Atentado" y se exhibe como símbolo de protección en la Nueva Basílica de Guadalupe. En 2021, el centenario del atentado fue recordado con actos conmemorativos y un Año Santo dedicado a la Cruz del Atentado.
El padre Ignacio Díaz de León, sacristán en aquel momento, recordó que el evento ocurrió durante la ceremonia de toma de posesión del nuevo canónigo Antonio Castañeda. El testimonio del sacristán reveló que una gran cantidad de feligreses en el templo hizo que el perpetrador no levantara sospechas. Pese al impacto de la explosión, la imagen de la Virgen y el cristal que la protegía no sufrieron daños, lo que alimentó teorías de intervención divina.
Luciano Pérez Carpio es señalado como el autor del atentado, quien según varios relatos pertenece a grupos obreros o castrenses. Con el tiempo, se ha especulado que su acción pudo haber sido motivada por fuertes tensiones religiosas en el país durante esas décadas. Existen pocos detalles sobre su paradero posterior a los hechos.
La historia de este atentado continúa generando interés y reflexión sobre la fe y la violencia religiosa en México, dejando en evidencia la compleja relación entre ambos.
Con información de elfinanciero.com.mx

