Más de 50 mil fanáticos se reunieron en la Ciudad de México para ver a BTS, el icónico grupo surcoreano, en un evento que sorprendió por su masiva convocatoria. La presidenta Claudia Sheinbaum los recibió en el Palacio Nacional, donde intercambiaron algunas palabras y se comprometieron a regresar el próximo año.
La visita, parte de una gira después de cuatro años, ha suscitado inquietudes sobre el uso estratégico de la fama del grupo en el ámbito político. Aunque la aprobación de Sheinbaum permanece alta en el contexto latinoamericano, ha enfrentado un descenso en sus índices de popularidad debido a críticas sobre la corrupción y otros temas como el narcotráfico.
Mientras tanto, la recepción de BTS ha generado controversia, especialmente porque la presidenta se niega a recibir a colectivos de búsqueda de personas desaparecidas. Además, hay evidencias de que su administración ha manejado con cautela las acusaciones del Departamento de Justicia estadounidense hacia Rubén Rocha Moya, gobernador de Sinaloa en licencia, por presuntos lazos con el narcotráfico.
No obstante, la invitación a BTS no fue solo un gesto superficial. En enero, Sheinbaum había solicitado a su homólogo surcoreano que facilitara un encuentro con Hybe, la entidad que gestiona al grupo. Este movimiento inusual buscó abrir posibilidades para más presentaciones en México y resalta cómo la cultura puede influir en la diplomacia.
La masividad del evento superó las expectativas de los artistas, lo que representa tanto un respiro para la administración de Sheinbaum como una demostración del poder global de BTS. La conexión entre los fans, amplia y transversal, destaca que mientras disfrutan de la música, la realidad política y social de México sigue siendo compleja y merece atención.
Con información de elcomercio.pe

