La pérdida de vidas en eventos deportivos revela deficiencias en la seguridad y cuestiona la protección del aficionado en la Liga MX. En el contexto del fútbol mexicano, recientes tragedias han evidenciado la alarmante vulnerabilidad de los aficionados durante los eventos deportivos, poniendo en entredicho la efectividad de las medidas de seguridad en los estadios. La muerte de un joven fan tras ser sometido por personal de seguridad en un partido entre Cruz Azul y Monterrey en la Ciudad Universitaria reafirma la necesidad de replantear los protocolos y responsabilidades en estos encuentros. Esta situación se enmarca en un patrón que involucra incidentes como riñas con disparos, apuñalamientos y atropellos en diversos escenarios deportivos, demostrando que la violencia y la inseguridad se han arraigado en la cultura del fútbol en México. El sistema de identificación electrónica conocido como Fan ID, implementado tras la tragedia del Estadio Corregidora en 2022, ha fallado en brindar una protección efectiva, ya que su aplicación es inconsistente entre los diferentes estadios y carece de controles estrictos. Además, las omisiones legislativas y la inadecuada regulación restrigen la capacidad de las autoridades para sancionar y prevenir estos sucesos, mientras que el contexto internacional muestra que otros países, como Inglaterra, han adoptado medidas rígidas y una cultura de seguridad que ha reducido significativamente los riesgos en sus estadios. La historia de violencia en los recintos deportivos de México refleja un problema estructural que trasciende la gestión en los eventos, y que requiere una revisión profunda de las políticas públicas, con leyes más severas y mecanismos de control efectivos. La seguridad del aficionado, por tanto, no solo es una protección fundamental, sino un mandato que la industria del fútbol debe asumir para evitar futuras tragedias, especialmente en un momento clave como la Copa del Mundo 2026, que México acogerá en conjunto con Estados
