La organización del próximo Mundial internacional elevará los estándares de conectividad y seguridad digital en un evento que abarca tres países. La próxima edición de la Copa del Mundo en 2026 planteará una avanzada estrategia tecnológica que posiciona a la nube y a las redes de alta capacidad como elementos centrales para garantizar el correcto desarrollo del evento. La complejidad logística de coordinar competencias en Estados Unidos, Canadá y México requerirá una infraestructura digital robusta, capaz de soportar transmisiones en vivo, pagos móviles y sistemas de seguridad en tiempo real. La experiencia de eventos deportivos previos, como los Juegos Olímpicos de Brasil y los Juegos Panamericanos de Chile, evidencian que las soluciones digitales, como aplicaciones de orientación y monitoreo en tiempo real, pueden mejorar sustancialmente la experiencia de asistentes y organizadores. Además, la implementación de redes Wi-Fi públicas en las ciudades-sede facilita el acceso a información y servicios a los espectadores, un aspecto clave en la era digital. Este despliegue tecnológico no solo apunta a la eficiencia durante el torneo, sino que también deja un legado en las ciudades anfitrionas, fortaleciendo la seguridad, la movilidad y la conectividad a largo plazo. Sin embargo, algunos países enfrentan desafíos en infraestructura, pero cuentan con ventajas como centros de datos fortalecidos y redes públicas de Wi-Fi, como la de la Ciudad de México, que planea ampliar sus puntos de conexión para eventos de gran escala. La adopción de redes LAN, cableado estructurado y Wi-Fi de alta capacidad en los estadios será esencial para cumplir con los requisitos de FIFA, marcando un avance en la transformación digital del fútbol internacional.
