La escalada de enfrentamientos y agresiones en instalaciones deportivas avisa sobre los desafíos de seguridad en la próxima Copa del Mundo en México, Estados Unidos y Canadá. En los últimos meses, la violencia en los estadios de fútbol mexicanos ha suscitado preocupaciones sobre la seguridad en plena preparación para la próxima Copa del Mundo, que México, Estados Unidos y Canadá organizarán en 2026. En una jornada reciente del torneo local Apertura, un altercado entre aficionados en la ciudad de Guadalajara, sede mundialista, dejó heridos y puso en duda la capacidad del país para garantizar un ambiente seguro durante el evento internacional. Tras la derrota del equipo local, las peleas derivaron en lesiones, entre ellas, la fractura nasal de un aficionado que fue captada en redes sociales. Mientras tanto, en Monterrey, otra de las sedes del Mundial, una pelea en las gradas entre seguidores de diferentes equipos terminó con un agresor pateando a un espectador en el suelo, lo que reavivó las inquietudes sobre el control de multitudes en los partidos. Estos incidentes ocurren en un contexto donde un tiroteo previo en Puebla, con saldo de una mujer fallecida y otra herida, resaltó los riesgos de seguridad fuera de los estadios. Cabe recordar que el fútbol mexicano ha enfrentado en el pasado brotes de violencia, como en el partido Querétaro versus Atlas en 2022, donde una pelea masiva en las gradas dejó varias personas heridas y generó un debate sobre la necesidad de reforzar medidas de control en los estadios. La proximidad de la Copa del Mundo en 2026 exige una atención urgente a estos casos para evitar que la violencia empañe la organización del evento. La infraestructura y las estrategias de seguridad deberán fortalecerse para garantizar que los partidos se desarrollen en un ambiente pacífico y ordenado, reflejando la pasión y cultura del fútbol en el país.
