Ciudad de México. – La economía circular en México ha dejado de ser una meta aspiracional para consolidarse como una decisión estratégica fundamental para la competitividad empresarial. Sin embargo, su avance enfrenta retos significativos debido a la necesidad de una transformación profunda en los modelos de producción, abasto y distribución de las industrias. Aunque el reciclaje es un punto de partida crucial, especialmente en un país que aún requiere infraestructura para la recuperación de materiales, la verdadera barrera se encuentra en la capacidad de procesar y transformar lo que históricamente se ha considerado residuo en materiales de valor estratégico. El potencial económico es considerable: el Foro Económico Mundial estima que los modelos circulares podrían generar hasta 4.5 mil millones de dólares para 2030. Las cifras del INEGI de 2022 muestran un dinamismo en empresas dedicadas al reciclaje y la reutilización. No obstante, México recicla o reutiliza apenas el 0.4% de sus recursos, muy por debajo del promedio global del 7.2%, lo que representa una gran oportunidad para capturar valor económico. La transición hacia una economía circular sólida depende de la infraestructura adecuada, que permita convertir residuos en materiales de valor, garantizar trazabilidad y calidad, y reducir la volatilidad energética. Esto incluye sistemas de pretratamiento, centros de separación especializados y plantas de valorización de materiales complejos. Un ejemplo tangible es el Centro Ambiental de San Luis Potosí de Veolia, que transforma residuos industriales en combustible sólido para hornos cementeros, sustituyendo combustibles fósiles y promoviendo la simbiosis industrial. Estas iniciativas generan beneficios ambientales al reducir emisiones y la dependencia de combustibles fósiles, al tiempo que estabilizan costos y reducen la cantidad de residuos enviados a rellenos. La colaboración industrial y la alianza con expertos son clave para diseñar soluciones robustas y escal
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