Daimiel, Ciudad Real. - La comunidad de Daimiel se encuentra en un momento clave para la recuperación de su vida religiosa y educativa, tras la llegada de sacerdotes Misioneros de San Vicente de Paúl. Durante un mes, fray José Murillo y fray José Doz realizaron una misión que revitalizó la vida espiritual, una respuesta a la escasez de sacramentos y enseñanza tras la expulsión de los jesuitas en 1767.
El Colegio del Dulce Nombre de Jesús, que operó desde el siglo XVII, fue clave para la instrucción de la juventud. Sin embargo, su cierre dejó un vacío educativo considerable y, por ende, un empobrecimiento de la vida religiosa en la villa. La situación llevó a tres clérigos locales a considerar distintas soluciones, incluyendo la creación de capellanías, pero fue la misión de los vicencianos la que terminó inspirando un proyecto más ambicioso.
Patricio Sánchez Montañés, Gabriel Sánchez de Archidona y Nicolás Rosado Abad decidieron que la mejor opción sería establecer una casa vicenciana de sacerdotes en Daimiel. Para ello, ofrecieron significativas donaciones de propiedades y tierras, valoradas en más de 180 mil reales, para sustentar a varios sacerdotes que desempeñaran labores educativas y pastorales en la comunidad. "Esto garantiza una atención religiosa continua y organizada para toda la comarca", señalaron en su solicitud al Real Consejo de Castilla.
Desde 1799 hasta 1801, se tramita el expediente para la fundación de esta casa religiosa, en un periodo en que el Estado controlaba más estrictamente tales proyectos. A pesar de ser parte del clero secular, la comunidad podrá beneficiarse de la cercanía y dedicación permanente de los vicencianos, en contraste con la atención limitada que brindarían capellanes seculares. La llegada de los vicencianos marca un paso hacia la posible restitución de la enseñanza religiosa en Daimiel.
Con información de almagronoticias.com

