Ingeniero White, Buenos Aires. - Nora Peresevalli, maestra jubilada desde 1988, evoca con cariño su vida dedicada a la educación, que comenzó cuando ella misma jugaba a ser docente en su infancia. Desde sus primeros pasos en la Escuela Nº 13 hasta su trayectoria como educadora, Peresevalli ha dejado una huella profunda en sus estudiantes, quienes aún la llaman “señorita”.
Originaria de Ingeniero White, Peresevalli fue inspirada desde pequeña por su padre, quien le fabricó palos que ella usaba como alumnos de su aula imaginaria. De los cinco años en la Escuela Normal de Bahía Blanca a su primer nombramiento en el Colegio Sarmiento en 1957, su compromiso con la enseñanza ha sido constante. En sus primeras clases, Peresevalli enfrentó el reto de condiciones adversas, como el frío invernal en aulas sin calefacción.
Durante cuatro años enseñó tercer grado, enfrentando la dificultad de preparar a sus alumnos para los exámenes del final del año. Con un enfoque en la disciplina y el aprendizaje rigurosos, Peresevalli recuerda cómo sus estudiantes aprendieron tablas de multiplicar de memoria y realizaron cuadernillos con caligrafía cuidada. La maestra hizo énfasis en la relación de respeto y autoridad con sus alumnos, a pesar de la corta diferencia de edad.
Tras dejar la enseñanza por un tiempo debido a su matrimonio y mudanza, regresó a su hogar en Ingeniero White. A pesar de haber cambiado de rumbo profesional, nunca perdió el amor por la pedagogía. Sus recuerdos siguen vivos, y cada encuentro con antiguos alumnos la sumerge en un torrente de nostalgia y gratitud.
El legado de Nora Peresevalli como educadora perdura, un testimonio de pasión y dedicación a lo largo de más de seis décadas. Aunque ya no imparte clases, su influencia continúa viva en la comunidad educativa de Ingeniero White.
Con información de lanueva.com

