Tijuana, Baja California. - La llegada de extranjeros deportados desde Estados Unidos a México presenta múltiples retos, según una guía emitida por la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes en México (CHIRLA). Esta orientación es crucial para los migrantes, muchos de los cuales enfrentan la inseguridad y la falta de recursos en un país desconocido.
Los deportados suelen ser enviados a puertos de entrada como Tijuana o Ciudad Juárez, donde el Instituto Nacional de Migración (INM) asume su custodia. Luego, los migrantes son trasladados en autobús a estaciones migratorias en el sur del país, tales como Tapachula o Villahermosa, donde permanecen detenidos de 2 a 7 días. Durante este tiempo, no reciben información sobre opciones de alojamiento o asistencia.
Después de la detención, muchos reciben un "oficio de salida" que les concede un plazo de diez días para regularizar su situación migratoria. Este documento no sirve como identificación oficial, lo que limita severamente su capacidad para trabajar legalmente o realizar trámites esenciales.
"En muchas ocasiones, tras su liberación, los migrantes se enfrentan a la posibilidad de la calle y sin dinero en un lugar que no conocen", advirtió CHIRLA. La organización subraya que acceder a empleo formal es complicado sin una identificación válida, mientras que el trabajo informal a menudo resulta en largas jornadas y bajos salarios.
Las opciones para regularizar su estatus incluyen peticiones humanitarias y familiares, así como solicitudes de asilo, que deben hacerse rápidamente al llegar a México. Sin embargo, estos procesos son lentos y pueden llevar semanas o meses.
El contexto de la migración a México es complejo, especialmente desde que cambiaron las políticas de deportación bajo la administración del presidente Donald Trump, afectando no solo a mexicanos, sino a extranjeros de diversas nacionalidades.
Con información de conexionmigrante.com

