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EE. UU. interviene en Latinoamérica: Lógica de injerencia en terreno fértil

La intervención de EE. UU. en Latinoamérica sigue una lógica histórica de injerencia, generando inestabilidad y violencia. Análisis de Alejandro Gamboa.

Por Redacción2 min de lectura
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Ciudad de México. – La historia latinoamericana revela un patrón recurrente en el que Estados Unidos se arroga el derecho de decidir qué gobiernos son aceptables y qué economías deben ser intervenidas, bajo la justificación de valores que rara vez aplica a sí mismo. Este modus operandi, que ha persistido a lo largo de décadas, genera Estados debilitados, sociedades fragmentadas y economías dependientes de intereses externos, con una estela de violencia que recae sobre los ciudadanos comunes. La columna "El Rincón de Giróvago" de Alejandro Gamboa analiza esta peligrosa lógica de intervención. El texto detalla cómo Estados Unidos ha construido históricamente enemigos —comunistas, populistas, dictatoriales o terroristas— para justificar el cerco económico, mediático e ideológico, culminando en intervenciones directas o indirectas. Ejemplos como Guatemala en 1954, Chile en 1973, Nicaragua en los ochenta y Panamá en 1989 ilustran este libreto, que invariablemente deja tras de sí naciones fracturadas y violencia. Actualmente, el discurso se centra en el narcotráfico, presentado como terrorismo internacional para justificar acciones como invasiones preventivas y violaciones de soberanía. Sin embargo, esta narrativa omite el papel de EE. UU. como principal mercado consumidor de drogas y actor central en el lavado de dinero. La penetración cultural, a través de industrias de entretenimiento y plataformas digitales, ha erosionado identidades nacionales y el patriotismo, mientras se promueve un estilo de vida estadounidense. México, como vecino inmediato, se encuentra en una posición vulnerable, con una dependencia económica y una profunda penetración cultural. La falta de margen de maniobra se agrava por una aceptación resignada de políticas impuestas, donde la soberanía se vuelve negociable. La decadencia de EE. UU., aunque lenta, no implica pasividad, sino una agresividad creciente para asegurar recursos estratégicos en una América Latina políticamente fragmentada. La colum

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