A pesar de los controles normativos y tecnológicos, la falta de certeza en la calidad y origen del combustible persiste para los consumidores mexicanos. El mercado de combustibles en México enfrenta un desafío persistente relacionado con la trazabilidad y la calidad del producto que llega a los consumidores. Aunque la autoridad fiscal y regulatoria ha implementado sistemas avanzados, como los controles volumétricos obligatorios en 2018, la percepción social sigue siendo de incertidumbre al momento de cargar gasolina. Estos sistemas permiten monitorear en tiempo real los volúmenes de combustible en toda la cadena productiva y de distribución, garantizando que los litros entregados sean los mismos que ingresan al sistema. Sin embargo, la ausencia de verificaciones visibles en las estaciones y la dificultad para que un usuario común compruebe el correcto funcionamiento generan desconfianza. Además, la supervisión se concentra mayormente en las estaciones de servicio, mientras que áreas críticas como transporte y almacenamiento no reciben igual atención. Las multas por incumplimiento son elevadas, alcanzando millones de pesos y sanciones penales, pero aún así, muchas irregularidades permanecen no detectadas. La incorporación de tecnología y capacitación en las empresas sigue siendo clave, pero la transparencia en la información y la confianza de los consumidores son los próximos pasos para fortalecer el sector y garantizar un mercado más transparente y seguro.
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