La falta de regulación y el aumento de aranceles amenazan la continuidad de las importaciones, generando incertidumbre y riesgos para los propietarios de vehículos. El retiro de varias marcas automotrices chinas del mercado mexicano enfrenta a los consumidores a un panorama de incertidumbre debido a la ausencia de normativas que aseguren la disponibilidad de refacciones y servicios posteriores a la venta. La apertura comercial desmedida en los últimos años facilitó la llegada de estos fabricantes, muchos de los cuales no han establecido mecanismos sólidos para garantizar soporte a largo plazo, dejando en ocasiones a los usuarios en la indefensión al no contar con piezas originales ni respaldo formal. La complejidad para obtener repuestos, incluso a través de canales no oficiales, aumenta el riesgo de que vehículos circulen en condiciones inseguras, poniendo en evidencia la falta de un marco regulatorio que proteja los derechos del consumidor. Además, la posible implementación de aranceles de hasta el 50% sobre autos importados desde países sin tratados de libre comercio podría acelerar la salida de marcas con menor estructura, generando una reconfiguración en el mercado automotriz mexicano. Marcas con respaldo internacional, como BYD, MG y GWM, tienen mayores posibilidades de mantenerse, mientras que importadores independientes enfrentan un entorno más difícil, que podría incluso disuadir nuevas inversiones en el sector. La incertidumbre también impacta la confianza del consumidor, quien se ve afectado por la desaparición de marcas y la inseguridad sobre la continuidad del soporte técnico y refacciones. La salida silenciosa de algunas compañías revela un problema mayor: sin reglas claras, los propietarios de vehículos enfrentan riesgos crecientes en un mercado que ha crecido rápidamente sin una protección adecuada.
