A pesar de cifras oficiales optimistas, el país muestra signos de debilidad económica y pérdida de confianza empresarial, poniendo en riesgo su estabilidad futura. La economía mexicana se aproxima a un año complejo, con expectativas de un crecimiento de apenas 0.6 por ciento para 2025 y una contracción trimestral del 0.2 por ciento, indicadores que reflejan una posible recesión técnica. Datos recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) señalan que la inversión fija en el país lleva más de un año en caída, mientras que la confianza en el entorno económico continúa disminuyendo. No obstante, las autoridades destacan una supuesta inversión histórica de 40 mil millones de dólares en el periodo de enero a septiembre, cifras que, al analizarse en profundidad, revelan que la mayor parte corresponde a reinversiones de empresas ya operando en México. Esto indica que, pese a los anuncios oficiales, nuevos inversionistas están menos interesados en reubicar sus operaciones en el país, que en la actualidad ocupa una posición más baja en los destinos preferidos para relocalización empresarial. Casos recientes como el de FEMSA ejemplifican la incertidumbre que enfrenta el sector. Aunque en 2024 ganó un litigio fiscal y se le exoneró de una deuda de 2011, la Suprema Corte reabrió el caso, enviando un mensaje de que las reglas del juego pueden cambiar sin previo aviso. Este tipo de acciones, junto con la reciente Ley de Amparo, han aumentado las dudas sobre la seguridad jurídica en México, afectando la percepción internacional. Organismos calificadores como Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch han reducido la perspectiva crediticia del país, señalando la fragilidad institucional y riesgos crecientes para el Estado de derecho. Además, la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) prevista para el próximo año podría derivar en aranceles de hasta 25 por ciento en ciertos productos, lo que impactaría negativamente en las exportaciones m
Temas:
