En medio de conversaciones constantes, México busca reducir costos y asegurar su posición en la cadena productiva norteamericana ante las tensiones comerciales. México se encuentra en la mitad del periodo de 90 días establecido por Estados Unidos para resolver diferencias comerciales, específicamente en torno a los aranceles en el sector del acero, aluminio y cobre. Autoridades mexicanas mantienen un diálogo permanente con congresistas y representantes del sector empresarial estadounidense con el objetivo de aliviar tensiones y preparar la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) prevista para enero de 2026. El gobierno mexicano ha señalado que, pese a enfrentar aranceles del 25% en el acero derivados de la sección 232 de la legislación estadounidense, otros países como Japón, Corea del Sur y países de Europa disfrutan de tasas reducidas, en torno al 15%. Además, se destaca que Estados Unidos mantiene un superávit en comercio de acero y aluminio con México, lo que genera cuestionamientos sobre la justificación de estas tarifas. En el contexto de una relocalización global de cadenas productivas, México busca consolidar su posición como destino preferido para inversión en Norteamérica. La estrategia del país apunta a hacer más barato y fácil exportar desde México, ventajas que ya se reflejan en costos competitivos en comparación con otros países. Aunque la mayoría de las exportaciones mexicanas y canadienses hacia Estados Unidos gozan de libre comercio, aún existen cargas arancelarias en sectores clave como el automotriz y los metales industriales, cuyo incremento impacta el comercio bilateral. El gobierno mexicano ha presentado varias propuestas para abordar la problemática del acero, con el fin de encontrar soluciones beneficiosas para ambas partes y reforzar la competitividad de la región. La dinámica actual se inscribe en un momento donde la atracción de inversión extranjera y el fortalecimiento de la relación comercial con Estados Unidos
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