La estatal mexicana continúa con la caída sostenida en producción debido a la falta de reservas nuevas y a una creciente deuda que afecta sus operaciones. La Sociedad Nacional de Petróleo en México atraviesa un proceso de declinación en su producción de petróleo, resultado de una estrategia que ha priorizado la exploración de nuevos yacimientos y de una inversión insuficiente en proyectos clave. La falta de reservas renovables para sustituir los campos maduros, sumada a restricciones financieras, ha limitado los recursos disponibles para incrementar la extracción. Además, la compañía enfrenta una deuda significativa con proveedores, que alcanzó los 28 mil millones de dólares a finales del tercer trimestre, impactando directamente en su capacidad operativa. Para hacer frente a estos pasivos, Pemex ha implementado mecanismos financieros gestionados por instituciones bancarias, comprometiéndose a cubrir parcialmente sus obligaciones. Paralelamente, en medio de una reducción en la extracción, la petrolera mexicana ha aumentado la producción de petrolíferos, logrando un récord en octubre con más de un millón de barriles diarios procesados, impulsado principalmente por combustibles como gasolina y diésel. La tendencia refleja un reto estructural en la producción de hidrocarburos en un contexto de limitaciones financieras y agotamiento de reservas.
