Desde sus raíces en 1847 en la Ciudad de México hasta su posición actual como una de las empresas más importantes del país, Liverpool ha evolucionado sin un único dueño, mezclando historia, expansión y propiedad distribuidas. Fundada en 1847 por Jean Baptiste Ebrard, un comerciante francés, la cadena departamental Liverpool comenzó como un pequeño puesto dedicado a la venta de ropa en el centro histórico de la Ciudad de México. El negocio recibió inicialmente el nombre de El Puerto de Liverpool, en referencia al puerto inglés que transportaba muchas de las mercancías importadas, símbolo de estatus y modernidad en su época. Con los años, la marca se consolidó y expandió, llegando a convertirse en un gigante del comercio mexicano. A lo largo de su historia, Liverpool no ha sido propiedad de una sola familia o individuo; en cambio, su estructura accionaria se distribuye entre diversos grupos e instituciones, principalmente bancos y fondos de inversión. En la actualidad, la participación accionaria está repartida en trusts gestionados por Banamex, INVEX y otros fondos, con una significativa porción que permanece en manos del sector financiero y otros inversionistas institucionales. La gestión corporativa ha estado marcada por figuras como Max Michel Suberville y su sobrino, Max Pierre Michel, quienes aportaron estabilidad y liderazgo durante décadas. En 2024, Liverpool reportó fuertes resultados financieros, situándose en el lugar 28 de las 500 empresas más importantes de México. El crecimiento de Liverpool ha sido un proceso paulatino, enfocado en innovación logística, expansión física y digital, además de diversificación en servicios financieros y desarrollo de centros comerciales. La expansión comenzó en 1936 con la apertura de su edificio emblemático en el Centro Histórico y continuó en las décadas siguientes, incluyendo adquisiciones importantes como la cadena Suburbia en 2017. La estrategia ha sido siempre adaptarse a los cambios del mercado sin perder su identida
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