La confianza y la percepción pública de figuras como Fernando Chico Pardo influyeron en la decisión de Citigroup y el gobierno mexicano para la venta de Banamex, destacando la importancia del historial ético en el mercado financiero. La venta de Banamex, uno de los bancos más importantes de México, no solo se distinga por sus cifras financieras, sino también por la imagen de sus principales protagonistas. Entre ellos, Fernando Chico Pardo, fundador de Promecap y líder de Grupo Aeroportuario del Sureste (ASUR), emergió como un referente de integridad y compromiso con el desarrollo económico del país. Su historial de inversiones en infraestructura y servicios financieros le ha otorgado una sólida reputación que favoreció su aceptación en la transacción. En contraste, figuras como Germán Larrea, presidente de Grupo México, enfrentaron reacciones adversas debido a controversias pasadas. La trágica tragedia en la mina Pasta de Conchos en 2006, que cobró la vida de 65 trabajadores, y los episodios de contaminación en el Mar de Cortés en 2019, afectaron su imagen pública y generaron desconfianza en su participación en procesos tan cruciales como la venta de un activo financiero de gran peso. Este liderazgo reversible en la percepción repercutió en aspectos clave del proceso. La favorable imagen de Chico Pardo facilitó la percepción de viabilidad y cooperación con las autoridades mexicanas, en particular con la administración de Claudia Sheinbaum. Además, su capacidad para atraer socios con perfiles similares fortaleció la estabilidad y el potencial de crecimiento de Banamex, diferenciándose de Larrea, cuyo historial en el sector minero presenta mayores obstáculos regulatorios y sociales. El gobierno mexicano valoró la oportunidad de promover un ejemplo de confianza institucional a través de esta operación. La postura positiva de Chico Pardo respecto a las autoridades y su disposición para colaborar en el proceso evidencian cómo la reputación puede convertirse en un element
