Culiacán, Sinaloa. – El año 2025 se perfila como un punto de inflexión crítico para el Cártel de Sinaloa, marcado por la consolidación de la ausencia de sus líderes históricos y el desmantelamiento simultáneo de sus principales facciones operativas: La Mayiza y Los Chapitos. Esta coyuntura sin precedentes ha sumido a la organización criminal más poderosa del hemisferio en su etapa más vulnerable, caracterizada por la fragmentación interna y la pérdida de cohesión. La organización criminal llegó al 2025 arrastrando el peso de una década de persecución que había mermado su cúpula histórica. La condena perpetua de Joaquín Guzmán Loera en Estados Unidos y la prolongada ausencia de Ismael “El Mayo” Zambada crearon un vacío de liderazgo que nunca pudo ser llenado por una sucesión estable. Sin embargo, los eventos de este año representaron un quiebre más profundo, no solo por la caída de Zambada, quien luchaba por mantener la cohesión interna, sino por la detención de operadores clave que golpeó simultáneamente a los dos polos de poder del cártel. La caída de “El Mayo” Zambada no fue meramente la captura de un capo veterano; significó el colapso del eje que había garantizado la cohesión, la negociación interna y el control territorial en amplias zonas del país. Con su detención, la estructura que operó con discreción durante décadas quedó expuesta y sin un mando indiscutible. Paralelamente, el flanco liderado por los hijos de Joaquín Guzmán Loera, conocido como Los Chapitos, también fue sistemáticamente golpeado. La presión judicial y operativa se concentró en el círculo más cercano de esta facción. El proceso penal de Ovidio Guzmán López, bajo intenso escrutinio público, avanzó, mientras que otros operadores de primer nivel fueron detenidos y posteriormente extraditados o entregados a autoridades estadounidenses. Entre ellos, jefes de seguridad, responsables financieros y enlaces logísticos, quienes conformaban la primera línea de defensa y operación del grupo. Estas acci
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