Analistas señalan que la llegada de Moreno Cárdenas al liderazgo del PRI fue favorecida por un pacto con Morena, fortaleciendo su respaldo interno y su relación con el gobierno federal. El control del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en los últimos años ha estado marcado por versiones de posibles pactos con el Gobierno federal, principalmente con la administración encabezada por Andrés Manuel López Obrador. Tras la derrota electoral de 2018, en la que Morena obtuvo la mayoría en el Congreso y la presidencia, el PRI enfrentó un proceso interno de renovación que coincidió con el ascenso de Alejandro Moreno Cárdenas, conocido como “Alito”, a la dirigencia del partido. Indicios revelan que Moreno Cárdenas pudo haber alcanzado esa posición mediante un acuerdo previo con López Obrador, apuntan fuentes cercanas a la política mexicana. Se ha mencionado que el entonces gobernador de Campeche explicó a algunos militantes que contaba con recursos económicos significativos e influencia política, y que su llegada a la dirigencia fue resultado de una negociación con el Ejecutivo federal. Numerosos analistas interpretan que esta supuesta alianza permitió al PRI mantenerse en un liderazgo estratégico, pese a los sucesivos golpes electorales y la pérdida de muchas de sus gubernaturas. La colaboración del partido en decisiones clave, como el apoyo a la extensión de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad, fortaleció la percepción de un acuerdo que favorecía la continuidad del modelo oficialista. Con la llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia, las relaciones con Moreno Cárdenas parecen haberse reducido, evidenciado por recientes acciones en su contra, incluyendo procesos legales y la expropiación de propiedades vinculadas a su entorno. Moreno ahora se posiciona como un crítico del gobierno, defendiendo la figura del “perseguido político” ante los cambios políticos que buscan consolidar una nueva estrategia en el escenario nacional. Este escenario refleja cómo pueden
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