Integrantes del movimiento “Patas Saladas” se reunieron en el Congreso de Baja California Sur para exigir el reconocimiento de su herencia cochimí, originaria de Guerrero Negro. Durante la comparecencia, presentaron genealogías y una variedad de documentos que respaldan su demanda.
Los miembros de la comunidad expusieron actas de nacimiento, mapas y listas de firmas, además de solicitar un peritaje antropológico al Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI). Esta visita se enmarca dentro de un proyecto de decreto que busca reconocer oficialmente tanto a los cochimíes como a los guaycuras y pericúes.
Juana Villa Poblano, conocida como “Mamá Tana” y figura clave en el movimiento, subrayó la importancia de este reconocimiento: “Queremos que se nos reconozca tanto a los guaycuras, pericúes como a nosotros los cochimí”. Esta demanda se origina en la percepción de una falta de visibilidad hacia los pueblos originarios de la región.
La agrupación “Patas Saladas” agrupa principalmente a familias de pescadores de Guerrero Negro. Sus registros incluyen un Consejo de Ancianos que representará a la comunidad ante las autoridades. Entre sus miembros se encuentran nombres prominentes como Francisco Castillo Maclish y Jesús Alfredo Salgado Villa, quienes desempeñan un papel activo en la gestión de sus solicitudes.
El término “Pata Salada” hace referencia a prácticas históricas de conservación de alimentos y actividades pesqueras en la región. Con más de 500 descendientes identificados, la comunidad también apunta a su participación en el Consejo Estatal Indígena y Afromexicano, buscando una representación efectiva en decisiones que les afectan.
Los líderes comunitarios abogan por el respeto y reconocimiento adecuado hacia los pueblos originarios. Destacan que las decisiones relacionadas con su identidad continúan siendo tomadas fuera de Baja California Sur, lo que limita su visibilidad y participación en la toma de decisiones.
Con información de diarioelindependiente.mx

