Expertos analizan la práctica que busca optimizar la quema de grasa y el rendimiento físico, advirtiendo sobre posibles efectos adversos. Ciudad de México. Expertos en nutrición y deporte debaten la efectividad y seguridad del ejercicio en ayunas, una tendencia creciente entre quienes buscan mejorar su condición física y acelerar la pérdida de grasa corporal. La práctica, que consiste en realizar actividad física tras un periodo prolongado sin ingesta de alimentos, genera opiniones divididas respecto a sus beneficios y potenciales peligros. La ciencia señala que el impacto del ejercicio en ayunas es altamente individualizado. Depende de factores como el tipo, intensidad y duración de la actividad, así como del estado de salud de cada persona. Cuando el cuerpo no ha consumido alimentos por varias horas, los niveles de glucógeno, la reserva energética principal, disminuyen, obligando al organismo a recurrir a las grasas acumuladas como combustible. Los defensores de esta modalidad argumentan que puede potenciar la oxidación de grasas durante el entrenamiento y mejorar la sensibilidad a la insulina, un factor clave para la salud metabólica. Adicionalmente, para muchos, representa una conveniencia logística al eliminar la planificación de una comida pre-entrenamiento, facilitando la adherencia a rutinas deportivas. Sin embargo, la práctica no está exenta de riesgos. Expertos advierten que el ejercicio en ayunas puede desencadenar mareos, fatiga acentuada, debilidad e incluso náuseas, especialmente si la actividad es de alta intensidad o larga duración. La falta de energía disponible puede mermar significativamente el rendimiento deportivo. Un riesgo particularmente preocupante es la posible pérdida de masa muscular. En sesiones de entrenamiento muy demandantes, el cuerpo podría catabolizar tejido muscular para obtener energía, contradiciendo objetivos de fuerza y tonificación. Personas con condiciones médicas preexistentes como diabetes, hipoglucemia, o trastornos hormo
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