Los recientes ataques en la Ciudad de México evidencian una escalada en la violencia relacionada con el crimen organizado, con predominio de ejecuciones en motocicleta. La Ciudad de México vivió un fin de semana marcado por una serie de hechos violentos que dejaron un saldo de 13 personas fallecidas y al menos cuatro heridas en distintos incidentes registrados en varias alcaldías. La mayor intensidad de los ataques ocurrió en Iztapalapa, donde cinco víctimas fueron encontradas sin vida y otras cuatro resultaron heridas, consolidando su posición como la alcaldía más afectada por la violencia reciente. Este patrón de violencia ha sido común en los últimos meses, con la presencia de sicarios que operan en motocicletas, un método que facilita las persecuciones y huida tras los crímenes. Diversas autoridades han informado que estas agresiones estarían vinculadas a disputas entre grupos delictivos que buscan mantener control territorial y operaciones ilícitas en la región. Pese a los esfuerzos policiales y la instalación de cámaras de vigilancia, la presencia de motociclistas armados continúa generando inseguridad en varias zonas de la capital. En otros distritos, también se reportaron hechos similares: en Iztacalco y Azcapotzalco con dos homicidios cada uno, además de un incidente en Coyoacán, Tláhuac y Álvaro Obregón. La persistencia de estos eventos subraya la necesidad de implementar estrategias de seguridad integrales para reducir la presencia del crimen organizado en la ciudad. El contexto de estos sucesos refleja una tendencia preocupante de aumento en la violencia urbana, en medio de una crisis de seguridad que continúa siendo uno de los mayores desafíos para las autoridades locales y federales.
