Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. - El 7 de septiembre de 2017, un terremoto de magnitud 8.2 sacudió el Golfo de Tehuantepec, causando 100 muertes y graves pérdidas materiales en la región. El movimiento telúrico, que ocurrió a las 11:49 de la noche, tuvo su epicentro a 133 kilómetros al suroeste de Pijijiapan.
La tragedia afectó de manera severa a los estados de Tabasco, Chiapas y Oaxaca, con 112 mil viviendas dañadas y más de seis mil escuelas inmovilizadas. Se registraron casi medio millón de damnificados, una cifra que subraya la vulnerabilidad de la población ante estos fenómenos naturales.
Aunque México es conocido por su actividad sísmica, el impacto de este evento sigue siendo un recordatorio de la necesidad de mejorar las medidas de prevención y respuesta a desastres. Un habitante afectado en Paredón recordó los momentos de terror vividos, afirmando que las corrientes de agua y los cables caídos complicaron la situación al intentar escapar.
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, en su discurso sobre la seguridad y la soberanía del país, también abordó la importancia de la preparación ante desastres como parte de las responsabilidades del gobierno.
Desde entonces, Chiapas ha estado en constante revisión y mejora de sus protocolos de prevención sísmica, aunque muchos todavía lamentan la pérdida de sus hogares y seres queridos aquel fatídico día.
Con información de cuartopoder.mx

