Políticos que en el pasado combatieron el fuero ahora lo emplean para evitar responsabilidades, ilustrando una problemática que afecta la justicia en México. El fuero en México fue concebido como una protección legal para los funcionarios públicos, evitando que enfrentaran procesos judiciales mientras ejercían cargos legislativos o gubernamentales. Sin embargo, con el tiempo, esta figura se ha convertido en un mecanismo que favorece la impunidad, siendo utilizada para proteger a quienes cometen actos ilícitos. La paradoja de quienes en el pasado se opusieron al fuero y ahora lo defienden evidencia una problemática de doble estándar en el sistema de justicia mexicano. Uno de los ejemplos más notables es el del senador de Morena, Javier Corral Jurado, quien en una reciente entrevista expresó que el fuero no solo impide que los acusados enfrenten en libertad las acusaciones, sino que también suspende cualquier procesamiento en su contra. Corral, quien también gobernó el estado de Chihuahua y tiene pendientes judiciales, afirmó que no renunciaría a esa protección legal, sugiriendo que su continuidad en el cargo le permite mantener ciertos privilegios procesales. Sus declaraciones reflejan una tendencia en algunos actores políticos que consideran que el fuero es más un escudo que una protección legal legítima. Es importante destacar que estos casos no son aislados. La figura del fuero ha sido cuestionada desde hace años, especialmente en contextos donde las instituciones judiciales enfrentan obstáculos para hacer rendir cuentas a los actores políticos. En un contexto más amplio, la prevalencia del fuero pone en evidencia la necesidad urgente de reformas que garanticen la igualdad ante la ley, sin privilegios ni exenciones que socaven la confianza ciudadana en las instituciones. El contexto político actual resalta cómo los mecanismos legales pueden convertirse en obstáculos para una justicia efectiva, perpetuando delitos y complicidad. La situación genera un mayor desgast
