La aparición de escándalos, disputas internas y acusaciones afectan la cohesión del partido tras la salida de López Obrador Morena enfrenta una crisis interna que pone en duda su estabilidad y liderazgo tras varios meses de polémicas y disputas internas. La aparición de escándalos, como viajes lujosos de figuras clave y acusaciones de vínculos con el crimen organizado, evidencian un desgaste en el discurso de austeridad que promueve el movimiento. Recientes denuncias contra Adán Augusto López Hernández, coordinador de los senadores de Morena y exsecretario de Gobernación, por presuntos vínculos con el crimen organizado, han profundizado la percepción de fracturas en el partido. La acusación la realizaron el gobernador de Tabasco, Javier May, y José Ramiro López Obrador, hermano del expresidente Andrés Manuel López Obrador, quienes cuestionaron su decisión de nombrar a Hernán Bermúdez Requena como titular de Seguridad Pública en Tabasco, por su historia vinculada a la célula delictiva “La Barredora”, relacionada con el Cártel Jalisco Nueva Generación. Este escenario alimenta la percepción de que Morena atraviesa una crisis de liderazgo que podría derivar en una fractura definitiva. Diversas voces dentro del partido advierten sobre un vacío de poder desde la salida de López Obrador, que ha sido aprovechado por facciones rivales para disputar el control del movimiento. La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha tratado de distanciarse de estos excesos, pero sin confrontar directamente a los implicados. Analistas como Ana Francisca Vega señalan que esta estrategia puede desgastar su capital político y vaciar las promesas de la Cuarta Transformación. Por su parte, la politóloga Viri Ríos afirma que las pugnas reflejan una herencia fragmentada de López Obrador, que ha dejado el control de diferentes áreas del partido en manos de distintas facciones. La disputa por el liderazgo se centra en la Presidencia, el Congreso y la estructura interna de Morena, lo que ha abierto la p
