La adquisición de autotanques para transporte de combustible en 2019 quedó en la incertidumbre, debido a la falta de documentación clave y contratos nunca entregados. En 2019, el gobierno mexicano encabezado por funcionarios de alto nivel, incluyendo al secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, realizó una compra rápida de 612 autotanques destinados al transporte de combustible, en un contexto de esfuerzos para combatir el robo de hidrocarburos. La adquisición se gestó en una reunión en Nueva York, en la que participaron varias autoridades, y se ordenó con premura por instrucciones presidenciales, lo que llevó a que las adjudicaciones se realizaran en solo unos días. A pesar de los esfuerzos, la adquisición presenta serias lagunas: los documentos oficiales del proceso muestran que nunca se entregaron anexos fundamentales, como las especificaciones técnicas, las condiciones del transporte y los catálogos de rutas, lo cual dificulta detectar la ubicación actual de esas pipas. Además, la empresa que gestionó la compra, una filial no paraestatal de Pemex, no hizo pública la documentación de las pipas ni facilitó las entregas, restringiendo la transparencia del proceso. El contexto revela que delegaciones gubernamentales y Pemex optaron por un proceso exprés para acelerar la adquisición, sin estudios de mercado revelados públicamente y con contratos firmados en un corto período, en casi total opacidad. La Secretaría de la Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación revisaron el proceso, pero determinaron que muchos detalles permanecen sin comprobar, incluyendo los anexos de entrega y las especificaciones técnicas. Expertos en contratos destacan que acondicionar y poner en operación estas pipas es un proceso complejo que usualmente requiere meses, por lo que la compra en tan poco tiempo genera dudas sobre su adecuada implementación y sobre el destino de los vehículos adquiridos, los cuales no se han reportado ni observado en operaciones oficiales.
