Buenos Aires, Argentina. – El panorama económico argentino se agrava con señales claras de estanflación: una combinación de ventas en declive y aumentos de precios, impulsados por el alza del dólar y el incremento de costos fijos. A pesar de que la demanda en sectores clave como alimentos ha caído hasta un 20% interanual, diversas empresas han anunciado incrementos de precios superiores al 5% desde el 1 de enero. Esta estrategia busca compensar la pérdida de volumen de ventas, priorizando la cobertura de costos fijos elevados, como tarifas, combustibles y alquileres. La teoría oficial de que la inflación disminuiría con emisión controlada y disciplina fiscal se ve desafiada por la práctica. La demanda decreciente y la ausencia de expansión monetaria no han logrado contener la subida de precios. El nuevo techo del dólar, que el mercado ya anticipa, actúa como un disparador de precios. La recalibración de las bandas cambiarias funciona como una señal adelantada: un dólar futuro más alto se traduce rápidamente en aumentos de precios en una economía bimonetaria indexada al tipo de cambio. Las empresas están ajustando precios para mitigar el impacto de costos dolarizados, insumos y alquileres vinculados a un tipo de cambio más alto. Esta medida es una forma de cobertura ante la volatilidad económica. El problema no es meramente monetario, sino estructural, relacionado con los costos y la oferta. Las tarifas de servicios públicos son un claro ejemplo: desde la llegada de Javier Milei a la presidencia, la luz ha aumentado un 344% y el gas un 617%, a pesar de los cortes masivos de suministro. En paralelo, la inflación acumulada ronda el 200% y los salarios han crecido un 229%, evidenciando que los costos fijos han superado tanto a los precios generales como a los ingresos. Las proyecciones a futuro no son alentadoras. El 2026 iniciará con nuevos aumentos en tarifas de luz, gas, agua y cloacas, con subas proyectadas del 2,5% al 4% promedio, que podrían duplicarse ante la qui
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