El intendente de Córdoba impulsa una reconfiguración del peronismo local, integrando figuras tradicionales y fortaleciendo la estructura partidaria para la campaña de cara a las elecciones de 2023. Martín Llaryora ha decidido fortalecer la presencia del peronismo en la escena política de Córdoba al nombrar a un referente tradicional como jefe de campaña, alejándose del perfil más moderado que caracterizaba a la estrategia anterior. La reciente reactivación del Partido Justicialista, bajo la coordinación del exministro Facundo Torres, busca consolidar un aparato partidario que pueda movilizar a la base y potenciar la elección. Este cambio responde a varios factores internos y externos: por un lado, la expectativa de que Córdoba pueda jugar un papel relevante en la política nacional, especialmente ante el posible liderazgo de los gobernadores en el Congreso y la disputa por la presidencia en 2027. Por otro lado, la estrategia también busca remediar las heridas internas causadas por la derrota en las elecciones municipales, donde la pérdida de más de cien municipios debilitó la estructura del peronismo en la provincia, particularmente en ciudades donde la figura del expresidente José de la Sota aún mantiene influencia. Además, la incorporación de intendentes radicales y sectores no tradicionalmente alineados al peronismo indica un intento de ampliar el alcance electoral ante un escenario caracterizado por una baja participación electoral. La apuesta central es que la movilización del aparato partidario garantice un piso de votos suficiente para mantener o ampliar las bancas legislativas en juego. Finalmente, la ruptura interna provocada por Natalia de la Sota refuerza la necesidad de un liderazgo que unifique al peronismo cordobés y fortalezca su presencia en la campaña, en un contexto donde la historia reciente evidencia que la unidad puede ser clave para acceder al poder. Este replanteamiento estratégico marca un giro hacia un peronismo más confrontativo y cohesionad
