BOGOTÁ, COLOMBIA. – La crisis climática no solo está transformando el planeta, sino que también está generando una profunda carga emocional en las juventudes a nivel global, provocando ansiedad, depresión e incluso afectando decisiones vitales, según advierte Juliana Rincón Flórez, geógrafa y activista ambiental. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) define el cambio climático como alteraciones a largo plazo en los patrones climáticos, impulsadas en gran medida por actividades humanas desde el siglo XIX. Rincón Flórez señala que existe evidencia científica que vincula directamente la crisis climática con un aumento generalizado de problemas de salud mental entre los jóvenes. “Muchas personas jóvenes están modificando decisiones importantes de vida, como la de tener o no hijos. E incluso se observa una fuerte incidencia en las tasas de suicidio, especialmente en pueblos indígenas", explicó la especialista, añadiendo que estos jóvenes sienten que “no tienen oportunidades ni esperanza” ante el avance del cambio climático y el despojo territorial. A pesar de este panorama, Rincón destaca la importancia de la "eco-esperanza", un concepto promovido por jóvenes activistas que impulsa la creencia en la posibilidad de sanar los territorios y transformar la relación con la naturaleza. La activista compartió su experiencia personal, siendo originaria de Mocoa, Putumayo, Colombia, un pueblo afectado por una avalancha en 2017 que dejó decenas de muertos y un profundo trauma colectivo. "Pasamos de amar al agua a temerla. Pensar que el cambio climático y que puede aumentar la frecuencia y magnitud de estos desastres genera angustia", relató. Rincón enfatizó que las crisis climáticas exacerban desigualdades preexistentes. "Las mujeres, por ejemplo, enfrentamos riesgos específicos. Al no haber enfoque de género en la prevención y gestión de este desastre, no se separaron a las personas afectadas en los albergues y refugios, lo que favoreció la violencia sexual, enfermedades d
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