Nuevos despliegues de aeronaves y fuerzas en Centroamérica fortalecen la estrategia militar y antinarcotráfico de Estados Unidos en la zona. En una operación que refleja un aumento significativo en la militarización de la región, Estados Unidos ha desplegado en El Salvador una serie de aviones militares de alta complejidad, incluyendo un avión de ataque AC-130J Ghostrider, reconocido por su capacidad para realizar ataques precisos en objetivos terrestres y marítimos. Además, otras aeronaves de reconocimiento y vigilancia operan en la zona, evidenciando una presencia militar intensificada desde finales de agosto, en medio de la implementación de misiones antinarcóticos en cooperación con el gobierno salvadoreño. La base más relevante en estas operaciones es la de Comalapa, en el aeropuerto principal del país, que ha visto un incremento en la actividad aérea y en la cooperación con Estados Unidos, en un contexto donde las relaciones bilaterales siguen fortaleciendo el rol de El Salvador en la estrategia regional del país norteamericano. Estos movimientos militares se dan en medio de una expansión sin precedentes de las fuerzas estadounidenses en el Caribe y Centroamérica, con más de 10,000 soldados y el auspicio de operaciones que, si bien buscan combatir el narcotráfico, también generan inquietudes acerca de posibles acciones con fines militares en otros escenarios latinoamericanos y caribeños. La reciente presencia de un portaaviones en la zona y las operaciones clasificadas sugieren un cambio en el uso de instalaciones tradicionales y en el enfoque estratégico que Estados Unidos tiene en esta parte del continente.
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