Las confrontaciones armadas incrementaron la violencia sexual, afectando principalmente a mujeres y niños en 21 países, con graves consecuencias sociales y humanitarias. En 2024, la violencia sexual vinculada a conflictos armados, incluyendo guerras civiles y enfrentamientos prolongados, alcanzó niveles históricos con un incremento del 25% respecto al año anterior. La situación afecta principalmente a mujeres y niñas, quienes representan el 92% de las víctimas verificadas, aunque también se registra una alarmante escalada de violencia contra hombres, niños, comunidades minoritarias y personas con diversas orientaciones sexuales y de género. Las principales regiones afectadas incluyen países en África Central y África del Este, como la República Centroafricana y la República Democrática del Congo, además de Haití, Somalia y Sudán del Sur. En estos lugares, las armas pequeñas y la inseguridad exacerbaban la vulnerabilidad de las poblaciones desplazadas y refugiadas. La violencia sexual se utiliza como instrumento de control territorial, tortura y terrorismo por actores tanto estatales como no estatales, extendiéndose incluso a centros de detención y zonas de conflicto. El impacto no termina en el acto violento; el estigma social y la falta de apoyo médico, legal y psicológico profundizan el sufrimiento de las sobrevivientes, muchas de las cuales enfrentan exclusión social, pobreza y en muchos casos, nacen de estas violaciones. La inseguridad y la insuficiencia de recursos de ayuda humanitaria acentúan esta crisis, evidenciando una brecha significativa entre las necesidades y la disponibilidad de fondos, en un contexto donde el gasto militar supera los recursos destinados a asistencia a víctimas. El informe también revela una creciente responsabilidad de actores en los conflictos, incluyendo grupos armados y fuerzas estatales, con una lista de responsables en diferentes escenarios y advertencias a fuerzas internacionales sobre posibles futuras sanciones. La comunidad i
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