Los recursos destinados a apoyar a Cuba mediante exportaciones de hidrocarburos han caído significativamente, en medio de presiones internacionales y debates políticos. En los últimos meses, México ha reducido notablemente el volumen de envíos de combustible subsidiado hacia Cuba, una política que ha sido objeto de controversia internacional. Mientras que en periodos anteriores se registraron más de 850 millones de dólares en exportaciones en unos pocos meses, durante septiembre y octubre recientes apenas se lograron envíos por cerca de 70 millones de dólares. Esta caída responde tanto a decisiones gubernamentales como a presiones externas y críticas de legisladores estadounidenses, que consideran estos apoyos como un respaldo a regímenes considerados dictaduras y una interferencia en la relación bilateral con Estados Unidos. De hecho, antecedentes recientes muestran que las operaciones millonarias, que alcanzaron los 3 mil millones de dólares entre mayo y agosto de 2025, son ahora motivo de escrutinio internacional, en especial por estar vinculadas al buque petrolero Sandino, incluido en la lista negra de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC). El contexto internacional refuerza la relevancia de estos movimientos, dado que funcionarios y legisladores en Estados Unidos advierten sobre los efectos de estos subsidios, que podrían afectar la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). La Administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha reafirmado su postura soberana, defendiendo las entregas como ayuda humanitaria, y señalan que la relación con Cuba es un asunto histórico y de autonomía política. Sin embargo, el debate sobre el impacto de estos apoyos trasciende la política bilateral, poniendo en el centro la estrategia de México en su relación con instituciones internacionales y socios regionales. Especialmente en un escenario donde Estados Unidos intensifica la vigilancia sobre las acciones de México en el hemisferio occi
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