La acción se produce en medio de sanciones contra el régimen de Nicolás Maduro y refuerza la postura de Washington frente al gobierno venezolano. En una operación en aguas internacionales cerca de la costa nororiental de Venezuela, unidades de la Marina y la Guardia Costera de Estados Unidos tomaron control de un buque cisterna que transportaba petróleo venezolano. La incautación, la primera desde el endurecimiento de las sanciones en 2019, busca obstaculizar los ingresos que sostienen al gobierno de Nicolás Maduro, según expertos en energía y seguridad internacional. El buque, que navegaba con bandera no identificada y cargado con hidrocarburos provenientes de terminales de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), forma parte de una conocida “flota fantasma” utilizada por el régimen chavista para evadir restricciones internacionales. En una reunión con empresarios en la Casa Blanca, el expresidente Donald Trump confirmó la acción, calificándola como la más grande de su tipo, y anunció que el gobierno estadounidense planea divulgar más detalles próximamente. Analistas y fuentes del sector petrolero consideran que estas actividades reflejan una estrategia de presión para limitar las fuentes de ingreso del chavismo y acelerar posibles cambios en el liderazgo venezolano. La operación se enmarca en una serie de despliegues navales en la región, incluido el bloqueo del petrolero ruso Seahorse en noviembre de 2022, que buscaba impedir movimientos de hidrocarburos venezolanos hacia Cuba. El exmandatario también afirmó que, en circunstancias futuras, Estados Unidos mantendría la posesión del petróleo incautado. Aunque no se han divulgado detalles sobre la propiedad del buque, esta acción se suma a una serie de medidas de presión que buscan profundizar el aislamiento económico del régimen de Maduro. Este contexto cobra mayor relevancia en un escenario donde la oposición y la comunidad internacional continúan presionando por una transformación política en Venezuela. La posibilida
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