Ciudad de México. – La creciente tensión internacional, el cambio climático y la dinámica económica global han puesto a Groenlandia en el centro de la estrategia de seguridad y comercio de Estados Unidos, con el expresidente Donald Trump buscando asegurar el control del territorio por su ubicación estratégica y sus vastos recursos minerales. Groenlandia, un territorio autónomo de Dinamarca, es la isla más grande del mundo y se encuentra en una posición geográfica clave sobre el Círculo Polar Ártico. Esta ubicación la ha convertido en un punto vital para la defensa de América del Norte desde la Segunda Guerra Mundial, cuando Estados Unidos ocupó la isla para evitar su caída en manos nazis y proteger las rutas marítimas del Atlántico Norte. Actualmente, el Ártico, antes una zona de cooperación, se encuentra en un punto álgido de competencia debido al deshielo, que abre nuevas rutas comerciales y reaviva el interés de potencias como Rusia y China en los recursos minerales de la región. La presencia de China como un "estado cercano al Ártico" y sus planes para una "Ruta Polar de la Seda" han generado preocupación en Estados Unidos, especialmente por la militarización y las reclamaciones territoriales que podrían surgir, similar a lo observado en el Mar de China Meridional, según declaraciones del entonces secretario de Estado Mike Pompeo. Rusia, por su parte, ha reforzado su presencia militar en el Ártico, restaurando bases soviéticas y construyendo nuevas instalaciones. Tras la invasión de Ucrania, Moscú ha señalado su intención de fortalecer su capacidad militar en la región, aunque mantiene la puerta abierta a la cooperación internacional. Estados Unidos mantiene una presencia militar significativa en Groenlandia a través de la Base Espacial Pituffik, fundamental para operaciones de advertencia de misiles, defensa antimisiles y vigilancia espacial para la OTAN. La isla también juega un rol en la vigilancia de movimientos navales rusos en el Atlántico Norte. Dinamarca
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