La escalada de protestas sociales, en medio de crisis energética y escasez de recursos, culmina con los militares asumiendo el poder y suspendiendo la Constitución. En Madagascar, las protestas masivas que comenzaron por cortes constantes de energía y escasez de agua en barrios periféricos han desencadenado una crisis política. Movilizaciones lideradas por jóvenes de la denominada “Generación Z” crecieron en intensidad, inicialmente de forma pacífica, pero posteriormente se tornaron violentas, con reportes de casas incendiadas y saqueos nocturnos en áreas urbanas. La situación se agravó cuando las fuerzas militares de élite decidieron intervenir, impulsando la salida forzada del presidente Andry Rajoelina y tomando el control del país. Los militares anunciaron que asumirán la autoridad por un máximo de dos años, durante los cuales se organizará un referéndum constitucional; además, suspendieron las actividades del Congreso y los tribunales. Aunque las protestas iniciaron por problemas de servicios básicos, rápidamente evolucionaron hacia una demanda de cambios políticos profundos, inspiradas por movimientos juveniles en otros países en desarrollo. La crisis en Madagascar refleja el arduo camino que enfrentan las naciones en transición, donde los problemas sociales pueden degenerar en situaciones de emergencia institucional.
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