La Administración de Donald Trump implementa una táctica selectiva de separación familiar para desalentar la migración indocumentada en Estados Unidos El gobierno de Donald Trump ha puesto en marcha una nueva estrategia para presionar a los migrantes indocumentados a abandonar Estados Unidos. Esta táctica consiste en separar a los niños de sus padres en un esfuerzo por disuadir la permanencia en el país y fomentar el regreso voluntario a sus países de origen. A diferencia de la política de "tolerancia cero" de su primer mandato, que en su momento separó a miles de niños en la frontera, esta modalidad resulta más selectiva y dirigida. La práctica se enfoca en migrantes que, ya dentro de Estados Unidos, han recibido órdenes de deportación y se resisten a abordar vuelos comerciales para su retorno. La clave radica en una elección angustiante: las familias deben decidir si se separan voluntariamente o enfrentan la detención con la posible separación de sus hijos. De acuerdo con información documentada por The New York Times, al menos nueve casos confirmados evidencian cómo padres han sido separados de sus hijos tras negarse a cumplir las órdenes de deportación. Entre estos casos figura el de Evgeny y Evgeniia, una pareja rusa que buscaba asilo. Ambos enfrentaron esta cruel elección y, al negarse a regresar a Rusia, su hijo Maksim, de ocho años, fue separado y enviado a un albergue para menores no acompañados. Esta táctica tiene un enfoque principal en migrantes que ya están en Estados Unidos y que han sido objeto de órdenes de deportación, particularmente en casos donde rehúsan abordar los vuelos de retorno. La administración estadounidense utiliza la separación familiar como un mecanismo para persuadir a las familias a partir del país y como un disuasivo efectivo contra la migración ilegal. La política busca crear un ambiente de miedo y presión que motive a las familias a desistir de sus intenciones migratorias. En respuesta a estas acciones, Tricia McLaughlin, portavo
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