Ciudad de México. – La reciente estrategia de Estados Unidos en Venezuela, enfocada en la captura de Nicolás Maduro, ha redefinido las complejidades de la soberanía latinoamericana y presenta un espejo crítico para México. A diferencia de intervenciones pasadas, como la Operación Causa Justa en Panamá contra Manuel Noriega, el enfoque actual busca una 'transición ordenada' que, aunque pragmática, suscita dilemas morales y políticos significativos. La Operación Causa Justa en 1989 resultó en la devastación de infraestructura civil y miles de muertes, dejando a Panamá en un estado de inestabilidad prolongada. La lección aprendida fue la necesidad de una estrategia clara para llenar el vacío institucional post-captura. En contraste, el intento de Estados Unidos en Venezuela parece priorizar la negociación con actores dentro de las estructuras chavistas, planteando interrogantes sobre posibles acuerdos de impunidad y la garantía de justicia para crímenes de lesa humanidad. La historia del narcotráfico revela un patrón de negociaciones donde la reducción de condenas se ofrece a cambio de información. El caso de Carlos Lehder ilustra cómo acuerdos de cooperación permitieron que figuras clave del narcotráfico obtuvieran penas reducidas. La posibilidad de que Maduro coopere, dadas las acusaciones de vínculos con el Tren de Aragua y el Cártel de los Soles, podría exponer conexiones políticas en toda la región, incluyendo a actores en México. Esto presentaría a Donald Trump un incentivo para ofrecer un trato que mitigue las consecuencias legales a cambio de inteligencia sobre redes criminales hemisféricas. Las lecciones del caso Noriega son múltiples: la captura militar no desmantela las redes criminales, sino que a menudo permite su reorganización; los crímenes cometidos mientras se era aliado de potencias extranjeras pueden ser convenientemente olvidados; las garantías de derechos humanos son vulnerables en operaciones de alto perfil; y la captura no mejora intrínsecamente
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