La plata y el oro se valorizan impulsados por la política monetaria y conflictos internacionales, fortaleciendo su papel como refugios de inversión. El precio del oro en el mercado internacional alcanzó un récord de aproximadamente 3,964 dólares por onza, experimentando un incremento cercano al 50 % durante lo que va del año, tras un avance del 27 % en el ejercicio anterior. Este aumento refleja la creciente aversión al riesgo entre los inversionistas, quienes buscan resguardar su capital frente a la volatilidad política y económica global. El comportamiento del oro está vinculado a múltiples factores. La reciente baja en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal y las previsiones de futuras reducciones hacen que mantener activos sin rendimiento, como el oro, sea más atractivo. Además, la fortaleza del dólar estadounidense ha disminuido ligeramente, incentivando aún más la demanda del metal precioso. Los conflictos en Oriente Medio, junto con la tensión por la guerra en Ucrania y las incertidumbres políticas en Europa y Estados Unidos, han incrementado la percepción del oro como un refugio seguro. A este entorno se suman las compras de reservas oficiales por parte de bancos centrales y el interés en fondos cotizados en bolsa (ETF) relacionados con metales preciosos, que han evidenciado un crecimiento significativo en sus posiciones a nivel global. Entre enero y septiembre, la demanda mundial de ETF de oro alcanzó las 588 toneladas métricas, lo que evidencia el interés sostenido en inversiones en metales ante la escalada de incertidumbre. Paralelamente, la plata también mostró una tendencia alcista, alcanzando niveles no vistos desde 2011, situándose en aproximadamente 48.55 dólares por onza. La persistente incertidumbre internacional continúa favoreciendo estos activos como instrumentos de protección patrimonial y a la vez refleja las expectativas de los mercados respecto a escenarios económicos desafiantes en los próximos meses.
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