Caracas, Venezuela. – La reciente intervención de Estados Unidos en Venezuela, según un análisis, no representa una operación para restaurar la democracia, sino un retorno al imperialismo petrolero. La motivación detrás de estas acciones, se argumenta, no es la justicia ni el sufrimiento del pueblo venezolano, sino el interés en el petróleo y el poder. Donald Trump ha declarado que Estados Unidos asumirá el control de Venezuela por un tiempo indefinido, con el objetivo de recuperar sus intereses petroleros. Las acusaciones de narcotráfico, violaciones a derechos humanos y la crisis migratoria son vistas como meros pretextos para justificar la búsqueda de petróleo y la imposición de un gobierno más afín a los intereses estadounidenses. La captura de Nicolás Maduro no garantiza, según esta perspectiva, una transición democrática. El problema de fondo radicaría en la arquitectura del poder construida por el chavismo, una cleptocracia armada sostenida por redes de corrupción y la fragmentación del Estado. Cambiar al líder no desmantelaría el sistema, especialmente si el impulso proviene de otro líder autocrático. Se hace referencia a análisis sobre cómo las autocracias contemporáneas operan a través de redes transnacionales de intereses y negocios. En este contexto, la intervención de EE.UU. no buscaría desmantelar dicho sistema, sino insertarse en él, sustituyendo una cleptocracia hostil por una subordinada que garantice concesiones petroleras y un protectorado económico. Si bien el chavismo es criticado por la devastación del país, el encarcelamiento de opositores y el exilio de millones, el análisis subraya que condenar la dictadura no obliga a aplaudir la intervención extranjera. Se argumenta que es posible y necesario rechazar ambas situaciones. La historia latinoamericana es citada como advertencia, recordando la justificación del apoyo a Anastasio Somoza bajo la lógica de que, aunque fuera un "hijo de puta", era "nuestro hijo de puta". Esta lógica, se postula, se
Temas:
