Guadalajara, Jalisco. - La llegada del Mundial ha transformado el paisaje de la ciudad con vallas metálicas y operativos de seguridad. La restricción de acceso para personas sin boletos genera una atmósfera de exclusión, afectando tanto a vendedores ambulantes como a residentes locales.
Las advertencias sobre la limitación de acceso provienen de autoridades locales, quienes indican que quienes no participen en el evento deben evitar la zona. Esta medida deja en un segundo plano derechos fundamentales como el libre tránsito y el uso del espacio público, al estar supeditados a las directrices impuestas por la FIFA.
El impacto negativo se extiende a pequeños negocios que dependen de la afluencia de gente. Con el establecimiento del FIFA Fan Festival, muchos comerciantes se encuentran ignorados y limitados, lo que ha llevado a algunos a cuestionar si realmente se beneficiarán de la llegada del evento. La percepción general es que, pese a las promesas de prosperidad, su actividad cotidiana se ha visto comprometida.
En medio de esta situación, la realidad es aún más dura para las personas en situación de calle. Se han visto obligadas a trasladarse de su lugar habitual ante la presión para mantener las áreas despejadas. Las acciones de autoridades locales, supuestamente en cumplimiento de normativas de la FIFA, han resultado en una invisibilización de individuos que ya enfrentan numerosas dificultades en su vida diaria.
A diferencia de otras sedes del Mundial en Norteamérica, donde se han implementado políticas para proteger a comunidades vulnerables, la respuesta en Guadalajara refleja una falta de negociación equitativa. Aquí, el poder de la FIFA prevalece, poniendo en jaque las leyes locales y convirtiendo a las autoridades en meros ejecutores de sus decisiones.
Con información de milenio.com

