La designación genera inquietud entre gobernadores, que consideran que no se modificará la relación con el gobierno y que la estrategia central continúa en manos de Milei. El reciente ascenso de Lisandro Catalán a la cabeza del Ministerio del Interior causó estupor entre los gobernadores del país. Hasta hace poco, Catalán era secretario del Interior y, en pocos días, asumió un cargo que permanecía vacante desde la salida de Guillermo Francos. La decisión fue tomada en un momento de crisis política, tras la clara derrota del gobierno en la provincia, y refleja una estrategia de consolidación del poder en manos de Karina Milei, líder influyente en el movimiento libertario. Este cambio ha sido interpretado como una señal de continuidad en las políticas del gobierno, aunque no garantiza una mejora en la relación con las provincias. En particular, provincias como Tucumán tienen antecedentes de tensiones con Catalán, quien previamente rompió acuerdos con el gobernador Osvaldo Jaldo y mostró interés en lanzarse como candidato a diputado, en abierto desafío al liderazgo regional. La inacción del gobierno frente a estas maniobras y la reconfiguración del gabinete indican que Milei mantiene una posición dominante, incluso tras los cuestionamientos y fracasos internos. Desde adentro, la movida representa la derrota del liderazgo de Santiago Caputo, quien había propuesto un gabinete de unidad nacional para reforzar la gestión. Sin embargo, en medio de estas tensiones, la designación reafirma que Milei centraliza las decisiones políticas y refuerza su control sobre la agenda gubernamental. A nivel institucional, se registran cambios internos como la salida de figuras como Agustín Romo, y una mayor influencia en las decisiones clave del Ejecutivo. Este escenario demuestra cómo el gobierno continúa en una fase de consolidación del poder, en un contexto marcado por conflictos internos y desafíos externos, confirmando que Karina Milei es la figura que marca el rumbo político del mom
