La renuncia de Graciela Ocaña a su acuerdo con la Coalición Cívica y la competencia de Lousteau y Manes generan reconfiguraciones en las candidaturas con implicancias para el oficialismo y la oposición. En un movimiento que redefine las alianzas políticas en la región, la legisladora Graciela Ocaña decidió abandonar su acuerdo previo con la Coalición Cívica para sumarse como candidata a senadora en la lista impulsada por la agrupación radical. Esta decisión ocurrió en un contexto de cambios internos motivados por la presencia y preferencias del liderazgo de Horacio Rodríguez Larreta, quien busca fortalecer su postura dentro del frente político. Inicialmente, se había planteado que Ocaña sería la primera candidata a diputada junto a Martín Lousteau en la lista de diputados, pero las tensiones con Facundo Manes, que terminó siendo desplazado, alteraron ese esquema. Por otro lado, Lousteau integrará una nómina con Piera Fernández, Gustavo Marangoni y Jésica Barreto, mientras que Ocaña estará acompañada por figuras como Martín Ocampo, cercano a Daniel Angelici. La continuidad de la alianza con la Coalición Cívica aún está en duda, lo que puede afectar la personería jurídica del frente y la inclusión de la Democracia Cristiana en el proceso electoral. La situación de Facundo Manes, que aún busca un partido para competir, refleja las dificultades internas del espacio opositor, en un escenario marcado por alianzas en transformación y la importancia de definir candidaturas con claridad. La reconfiguración de candidaturas en medio de la competencia electoral muestra cómo las alianzas y las tensiones internas influyen decisivamente en las listas y en las estrategias de los principales actores políticos del país. La decisión de Ocaña de cambiar de espacio y la apuesta de Lousteau por una lista diversificada confirman un escenario en el que las negociaciones y los liderazgos regionales juegan un papel clave en la definición del próximo Congreso.
