Washington D.C. – El secretario de Estado Marco Rubio se encuentra en una encrucijada política crucial para definir el futuro de Venezuela y su propia aspiración presidencial. La supuesta captura de Nicolás Maduro ha abierto un debate interno en Estados Unidos, con posturas divididas entre la exigencia de un cambio total en Venezuela y la búsqueda de una salida negociada. Rubio considera que el arresto de Maduro, de confirmarse, no sería el fin de la crisis, sino el inicio de una compleja negociación. La principal disyuntiva reside en si el chavismo continuará ostentando el poder o si se abrirá paso a una nueva estructura de gobierno. El objetivo primordial para Rubio es neutralizar políticamente al chavismo y contrarrestar las influencias dentro del partido de Donald Trump que favorecen una mera sustitución de figuras sin un cambio de rumbo. La espectacularidad de una hipotética operación militar podría verse eclipsada si el vacío de poder lo cubre un miembro del propio chavismo, lo que representaría un revés significativo para la estrategia de Rubio. La atención se centra en la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien estaría manteniendo contactos con China y Rusia. Informes previos sugirieren que Maduro habría propuesto a Trump permitir que Rodríguez lidere un proceso electoral. La familia Rodríguez, incluyendo a Delcy y su hermano Jorge, líder de la Asamblea Nacional, emerge como un actor clave en las negociaciones. Se especula que podrían ser los interlocutores del enviado especial de la Casa Blanca, Richard Grenell, quien también representaría los intereses de Chevron en la nación sudamericana. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha manifestado que se tomaría una decisión sobre el futuro político de Venezuela durante el fin de semana, enfatizando la ausencia de bajas militares estadounidenses y asegurando que ningún aliado de Maduro permanecería en el poder. Este mensaje busca apaciguar a su base electoral, reacia a nuevos conflictos internacionales prolo
