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Política

México: Simpatías de la 4T con regímenes autoritarios bajo escrutinio

El análisis señala que, aunque los modelos no son idénticos, existen paralelismos preocupantes en la gestión política y la relación con instituciones democráticas.

Por Redacción1 min de lectura
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Ciudad de México. – A pesar de la caída del régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, persisten las simpatías del gobierno mexicano hacia los autoritarismos de izquierda en Latinoamérica. Estas afinidades han tenido repercusiones tanto en la política exterior como interna de México, así como en su propio sistema político. Bajo los gobiernos de la Cuarta Transformación, México ha mostrado no solo afinidad, sino también defensa pública y continua de los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua, ignorando las denuncias de fraudes electorales, represiones políticas y descomposición social en dichas naciones. Fuentes indican que un porcentaje significativo de la población ha emigrado de estos países desde 2012. El gobierno mexicano, al criticar la detención de Maduro pero no su régimen dictatorial, ha priorizado la crítica a acciones específicas sobre la condena de la situación general, en un contexto de renegociación del T-MEC y sin una clara visión geopolítica. Si bien México bajo la 4T y Venezuela bajo Chávez y Maduro no son idénticos, presentan similitudes preocupantes. Ambos regímenes han implementado estrategias de polarización política que han dividido profundamente a sus sociedades. Se ha observado la apropiación de poderes judiciales y árbitros electorales, así como la sobrerrepresentación en congresos para mermar la oposición. Ambos han impulsado proyectos de infraestructura con alto costo y poco resultado, y han implementado programas sociales opacos y clientelares que, si bien buscan combatir la pobreza, resultan insostenibles a largo plazo. En esencia, se observa una captura del Estado y un proceso de destrucción democrática. La inestabilidad económica, política y social en la frontera sur de Estados Unidos es una preocupación latente, y aunque a Washington no siempre le ha interesado la democracia en México, sí busca evitar dicha inestabilidad.

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