El asesinato del alcalde revela una red de traiciones y adicciones en el gobierno local. El asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, destapa una compleja trama de traición. Samuel García Rivero, encargado de Relaciones Públicas, confesó haber entregado información valiosa a cambio de dos grapas de cocaína. La relación entre él y Manzo se había deteriorado debido a rencores acumulados y restricciones personales. Durante una audiencia se reveló que Samuel actuó como informante para una célula vinculada al Cártel Jalisco Nueva Generación. Las investigaciones apuntan a que su resentimiento hacia el alcalde creó condiciones para comprometer su seguridad. Ambos detenidos enfrentan graves cargos, mientras la Fiscalía sigue su proceso judicial.
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