A pesar de las políticas proteccionistas, la economía estadounidense se mantiene estable y las proyecciones de recesión disminuyen, pero sin un impulso claro. La política arancelaria implementada durante la gobierno de Donald Trump no ha logrado incentivar un crecimiento económico significativo en Estados Unidos. Aunque el país ha evitado una recesión profunda, las expectativas de una recuperación robusta no se han materializado, y las cifras recientes muestran una economía relativamente estable, con una probabilidad de recesión en 2026 por debajo del 25%. Uno de los factores clave que ha contribuido a evitar un deterioro económico mayor ha sido la inversión en inteligencia artificial, un giro no anticipado en las proyecciones iniciales de analistas económicos. Sin embargo, la evidencia de un impulso real en la relocalización de empresas o en una mayor inversión extranjera en el país aún es limitada. La incertidumbre generada por los aranceles ha frenado decisiones importantes de inversión y traslado de producción al exterior, manteniendo la ventaja competitiva de las industrias en países vecinos. El impacto en el mercado laboral ha sido moderado, con una pérdida de aproximadamente 54 mil empleos en el sector manufacturero desde que Trump asumió la presidencia, aunque no se puede atribuir exclusivamente a los aranceles. Por otra parte, los efectos inflacionarios se han mantenido controlados, a pesar de que los precios al consumidor en grandes cadenas comerciales aumentaron rápidamente tras la introducción de gravámenes. La inflación general, principalmente en vivienda y combustibles, continúa en niveles manejables. En cuanto a la balanza comercial, la existencia de un déficit no se considera inherentemente perjudicial y, contrariamente, los expertos señalan que los aranceles no han logrado reducirlo de forma significativa. La recaudación de aranceles en el año fiscal 2025 alcanzó unos 195 mil millones de dólares, más del doble respecto al año previo, aunque su conti
