El pacto, negociado en secreto, favorece a Estados Unidos en sectores clave sin beneficios comparativos para Argentina y plantea riesgos para el MERCOSUR. En un movimiento que levantó cuestionamientos por su poca transparencia, Argentina estrechó lazos comerciales con Estados Unidos mediante un acuerdo que podría profundizar la dependencia del país en Estados Unidos y afectar sus relaciones dentro del MERCOSUR. La negociación, realizada en un contexto de opacidad, contempla privilegios arancelarios y la eliminación de barreras no arancelarias en sectores estratégicos como medicamentos, maquinaria y agricultura. Sin embargo, estos beneficios están desbalanceados, ya que la contraparte estadounidense solo ofrece avances limitados en mercados que no representan una fuerte demanda para la industria local. Además, el acuerdo incluye la reducción del 3% en la recaudación de impuestos aduaneros, lo que implicaría una caída significativa en ingresos y sería un acto discriminatorio respecto a otros socios comerciales internacionales. La naturaleza unilateral de la negociación compromete el interés regional, ya que viola normas del MERCOSUR que establecen que las tratativas comerciales se deben realizar en conjunto, fortaleciendo la integración regional. La historia reciente de Argentina muestra que acuerdos de este tipo pueden profundizar en la primarización y desindustrialización del país, marginando el desarrollo tecnológico y el valor agregado en la producción local. Especialistas advierten que esta tendencia favorece una estructura productiva similar a la tradicional latinoamericana, caracterizada por la explotación de recursos naturales y la precarización laboral, sin beneficios en tecnología ni innovación. La alianza también pone en jaque la autonomía económica y la capacidad de negociación del país, aislándolo aún más en la escena internacional y perjudicando su posición dentro del bloque regional.
