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La Ascensión: Presencia de Dios y Misión Apostólica

La Ascensión del Señor resalta la autoridad divina y el llamado a hacer discípulos, invitando a una vida de fe activa y comprometida.

Por Redacción1 min de lectura
La Ascensión del Señor reafirma la autoridad divina en nuestra misión de vida.
La Ascensión del Señor reafirma la autoridad divina en nuestra misión de vida.
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La Ascensión del Señor marca un nuevo capítulo en la relación entre Dios y la humanidad. Jesucristo, al ascender al cielo, no solo toma su lugar junto al Padre, sino que también se compromete con la historia de sus discípulos. Este evento resalta el poder divino y la misión de la Iglesia, encapsulando en dos conceptos centrales: autoridad y compañía.

Durante este momento crucial, los once discípulos se encuentran en el monte de Galilea. Algunos se postran en adoración, mientras que otros expresan dudas. Esta mezcla de fe y incertidumbre es clave, revelando que la verdadera fe implica ofrecer nuestras debilidades a Dios, quien se acerca para guiarnos. La misión de hacer discípulos se fundamenta en la autoridad que Cristo ha recibido.

La clave del bautismo radica en la unión con la Trinidad, introduciendo a los fieles en la comunidad divina. Al ser bautizados, los creyentes reciben la misión de enseñar a seguir los mandamientos de Dios. San Ignacio de Loyola enfatiza la necesidad de conocer y seguir a Cristo, convirtiendo el conocimiento en amor y acción concreta.

La promesa de Jesús de estar con nosotros "todos los días, hasta el final de los tiempos" promete una compañía continua que fortalece nuestras vidas. Esta presencia no es solo un consuelo, sino un empoderamiento para llevar a cabo la misión de ser discípulos auténticos. A menudo, la duda y la fragilidad se convierten en tentaciones que dificultan esta misión, pero el recordatorio de que Cristo está con nosotros alivia estas cargas.

La Ascensión, lejos de distanciar a Cristo de la humanidad, asegura su accesibilidad. La obediencia y el servicio se transforman en elementos esenciales de la misión. Cada uno de nosotros está llamado a acompañar y guiar a otros, encontrando fuerza en la certeza de Cristo presente. El verdadero desafío consiste en mantener viva esta promesa en acciones diarias y relaciones significativas.

Con información de larazon.es

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